BiodiversiCuentos: historias que enseñan pertenencia
Se cuida y defiende lo que se conoce, lo que se ve y se siente. Los niños no pueden amar una vizcacha, un bosque de queñua o un lago altiplánico si nadie les contó su . Los cuentos que narran de la naturaleza no enseñan biología, enseñan pertenencia.
Cuando un cuento lleva de la mano a un niño hasta una quebrada, hasta el vuelo de un ave o el paso sigiloso de un animal que sólo existe ahí, en ese territorio, algo se enciende que ninguna clase magistral logra: el niño empieza a sentir que ese lugar también es suyo. Y lo que es nuestro, lo cuidamos.
Por eso nació Ixkara, la vizcacha aventurera, la primer seria de la colección BioDiversiCuentos: no para explicar simplemente la biodiversidad, sino para que los niños y niñas la habiten con la imaginación antes de habitarla con los pies. Narración, ilustración y ciencia se dan la mano para despertar curiosidad, no para imponer datos.
Porque un ecosistema que se ha recorrido en un cuento, ya no es ajeno.
Un animal que ha tenido nombre y voz en una historia, ya no es invisible.
Una cultura que se ha narrado, ya no se olvida.
Cada página es una pequeña expedición. Ixkara salta entre roquedales, esquiva al zorro andino, aprende de las aves que cruzan el cielo del altiplano y descubre, aventura tras aventura, que su territorio está lleno de vecinos con quienes convivir: unos con plumas, otros con raíces, otros con historias propias de generaciones que llegaron antes que ella. El niño que lee —o que escucha leer— no solo sigue el argumento: recorre, sin saberlo, un mapa vivo de la biodiversidad boliviana.
Y algo distinto ocurre cuando ese recorrido se hace con imaginación en lugar de con advertencias. No hace falta decirle a un niño “cuida el planeta” para que empiece a hacerlo. Basta con que haya querido a un personaje que vive en ese planeta. El cuidado no nace de la obligación: nace del cariño. Y el cariño necesita, primero, un rostro, un nombre, una historia que recordar.
Por eso, cuando termines de leer un cuento de esta colección con un niño o una niña, no hace falta que le expliques la moraleja. No hace falta resumirle “por qué es importante cuidar la naturaleza”. Cierra el libro. Déjalo en silencio un momento. Pregúntale, si acaso, qué le gustaría ver si algún día visita ese lugar. El cuento ya sembró lo esencial: curiosidad, empatía, sentido de pertenencia. El resto crece solo, con el tiempo, como crecen los bosques, como crecen las ilusiones.
Así se construye, cuento a cuento, una generación que no protege la naturaleza por obligación, sino por afecto. Que no repite datos sobre biodiversidad, sino que se reconoce parte de ella. Que sabe que Bolivia no es solo un territorio en un mapa, sino un lugar habitado por vizcachas, cóndores, titis, bosques y personas, todos con su propia historia por contar. Esa es la apuesta de BioDiversiCuentos: sembrar en la niñez de Bolivia el vínculo que después se convertirá en cuidado. Narrar antes de enseñar. Emocionar antes de informar. Porque lo que no se conoce, no se ama. Y lo que no se ama, no se conserva.
Ixkara te espera. La aventura recién empieza.